El juego político del TC
Publicado el 5 junio, 2011 Deja un comentario

Carlos Mesía Ramírez, de lo peor que le ha podido pasar al TC.
En torno a las elecciones se mueven muchos intereses, quizá demasiados, y de toda índole: económicos, como es el caso de los inversionistas, que patrocinan a su candidato y lo financian; o políticos, en donde se crean las alianzas o adhesiones más inverosímiles solo para ganar una elección (sino recordemos a Odría con el Apra) u obtener algún tipo de favor o beneficio (como la vergonzosa presentación de PPK, alabando el régimen de Alberto Fujimori en el mitin de cierre de campaña de su hija).
Pero también hay otras instituciones que juegan su partido. La más influyente, qué duda cabe, es la prensa. Pero vamos, esto ya lo sabemos. En realidad se trata de un órgano creado para controlar el poder, que supuestamente debería constituir un baluarte de respeto de la democracia y del Estado de Derecho, pero que hoy por hoy está a punto de caer en el más absoluto desprestigio moral e institucional. Este órgano es el Tribunal Constitucional peruano, encabezado por su presidente, Carlos Mesía Ramírez.
Mucho se ha dicho en los diarios sobre un inminente fallo favorable a Fujimori, en el proceso de hábeas corpus planteado contra la denegatoria del recurso de nulidad resuelto por la Sala Suprema Penal Especial. Este recurso, a su vez, fue dirigido contra la resolución que declaró infundado el recurso de queja contra la Sala revisora de la sentencia que condenó a Fujimori por homicidio calificado; es decir, la Sala presidida por Duberlí Rodríguez.
Se ha dicho al respecto, también, que el hipotético fallo favorable del TC no liberaría a Fujimori sino simplemente obligaría a la Corte Suprema a conformar una Sala para revisar el recurso de nulidad planteado por la defensa del ex dictador. Trascendió también que el TC ya tendría un proyecto de sentencia (redactado por el juez Álvarez Miranda), aunque algún tiempo atrás se dijo que no sólo habría uno, sino dos: el primero dándole la razón; el segundo negándosela. ¿Y de qué depende de que se dé uno u otro? De las elecciones. Pero, ¿acaso de esto debe depender la actitud de un órgano de control de la constitucionalidad de un país ?
Si a Fujimori se le ha violado un derecho fundamental, entonces la justicia constitucional debe tutelar el derecho violado y reparar la agresión. De esto no hay ninguna duda: por más execrables que hayan sido los crímenes que cometió, tiene derecho a un proceso justo. Sin embargo, el tema va mucho más allá de esto. Es nuestro TC y su posicionamiento frente al nuevo gobierno lo que es más que preocupante, puesto que si los rumores son ciertos, este Colegiado habría demostrado una imperdonable cobardía ante los vaivenes políticos y su alineamiento al próximo gobierno (que seguramente, según sus cálculos, sería el de Fujimori) sería evidente.
¿Cómo interpretar la decisión de Carlos Mesía (impresentable cabeza del TC) de adelantar la vista de la causa de agosto para junio? Es claro que la idea era decidir la suerte de Fujimori antes de las elecciones. ¿Y para qué se preguntarán algunos? Tengo una teoría: el TC vería pulverizado el escaso prestigio que le queda si falla a favor de Fujimori después que su primigénita sea elegida. Vendidos, corruptos, cínicos, les dirían, y la prensa armaría un escándalo. ¿Qué hacer entonces? Muy sencillo: partiendo siempre de que Keiko Fujimori sería elegida presidenta, entonces fallan a favor del padre antes, cosa que cuando se les reproche, se replicaría lo evidente: no se sabía cuál iba a ser el resultado de la elección. Jugada muy astuta para que el TC, que no quiere pelearse con un eventual gobierno de Fujimori, se lave las manos y pague favores, y no quede tan mal parado. No olvidemos que por más que Mesía quiera jugar en pared con Keiko, más importante es lo que a él le conviene.
Pero, ¿qué hacer si la procuraduría, la defensa de Fujimori y la propia candidadata del fujimorismo le piden postegar la vista? ¿Sería razonable para Mesía insistir en fallar? Claro que no. Allí quedarían evidenciadas sus intenciones. «Caballero no más -habrá pensado- decidiremos después y si nos quemamos ante la opinión pública, que nos blinden». Y claro, no es difícil pensar que el TC podría estar al servicio del gobierno de Fujimori. No lo imagino, ni por un momento, enarbolando la lucha de los jueces Aguirre Roca, Rey Terry y Revoredo Marsano en plena dictadura de Alberto Kenya; y no lo imagino sencillamente porque Mesía -que es un tipo prepotente, convenido y hasta majadero- tiene el control absoluto.
Vamos, pero se trata de una simple hipótesis, aunque algo puede haberle fallado al Sr. Mesía en su cálculo político. ¿Y qué es eso? Que Humala gane. Allí quiero ver cómo se comporta.
Un nuevo pleno casatorio civil
Publicado el 19 mayo, 2011 Deja un comentario
El viernes pasado se publicó el Tercer Pleno Casatorio Civil en la página web del Poder Judicial, de acuerdo a lo dispuesto en el artículo 400 del Código Procesal Civil, aunque, vale decirlo, se trata del segundo pleno que es realizado únicamente por los jueces civiles titulares, dado la modificación del régimen del recurso de casación operado por la Ley N° 29364, del 28/05/2009.
Aquí la Corte Suprema resuelve un tema importantísimo que concierne a la fijación de un monto indemnizatorio en los procesos de divorcio por la causal de separación de hecho (el deficiente artículo 345-A, CC). Me reservo para un futuro próximo el análisis del tema procesal, pero después de haberlo leído con bastante atención, pienso que la sentencia está bastante bien construida y documentada, con absoluta prescindencia si es posible discrepar con algunos fundamentos.
Por lo pronto les dejo con la versión en PDF que está colgada en la página web del PJ.
Y en estas elecciones, ¿quién es el verdadero lobo?
Publicado el 13 mayo, 2011 Deja un comentario
Que Keiko Fujimori hable de derechos humanos y democracia es como si el lobo diera una clase de moralidad.
Es tal el contrasentido y la falacia intrínseca entre ambas figuras (es decir, entre fujimorismo y los valores más caros de un Estado Constitucional de Derecho) que resulta inimaginable que se produzca una sucesión en la dinastía apelando a factores que en la década infausta del 90 se lograron exitosamente aniquilar.
Tras la huída de Fujimori al Japón y su posterior renuncia a la presidencia de la forma más cobarde e inmoral que puede existir, se habló de un triunfo de la democracia. Cuando Valentín Paniagua asumió la presidencia y armó un gabinete con personas intachables, todos aclamábamos que el Perú, ahora sí, había dejado atrás a la dictadura y a los afanes de perpetración en el poder. A Toledo y García se les puede criticar millones de cosas, algunas de ellas inaceptables para un jefe de Estado, pero han tenido la suficiente conciencia democrática para dejar el poder tal como manda la Constitución. ¿Alguien puede explicar, entonces, el absurdo que ha significado dejar todo atrás y darle al fujimorismo una nueva oportunidad? Al parecer, para una buena cantidad de compatriotas (de los que me avergüenzo, y no me da vergüenza en decirlo), la década del 2000 no fue buena para el país y entonces traigamos a la hija del dictador, ni más ni menos.
El fujimorismo es sinónimo cabal de corrupción, de violación de derechos humanos, de compra de conciencias, de autoritarismo, de golpe de Estado, de repudio al orden constitucional. Pero esto no es suficiente, muchos de nosotros permitirá que esto vuelva, que se aloje entre nosotros. Muchos dicen que Keiko no es su papi, que ella no sabía nada, que se enteró de la compra de medios después. Pero esto es ingenuidad elevada a la máxima potencia. Keiko fue primera dama, estuvo metida en asuntos del Gobierno, supo de las movidas de Fujimori y Montesinos, lo avaló todo. Pero ahora, su actitud de meterse las manos a los bolsillo, mirar de costado, hacerse la cojuda y decir «Yo no soy como él», francamente constituye una mofa al rezago de inteligencia que le queda al pueblo peruano, inteligencia para elegir bien a sus gobernantes.
Un buen amigo mío me dijo, a través del facebook, que los peruanos tenemos el presidente que nos merecemos, pero ¿cuándo tendremos el que necesitamos? La reflexión es profunda y no pude hacer otra cosa que suscribir su opinión. Sin embargo, pensándolo mejor, los peruanos nos merecemos todo, salvo una cosa: tener la bajeza de permitir, mediante el camino democrático, que vuelva el gobierno más nefasto de la historia del Perú, ese que se encargó de pulverizar la moral de los peruanos. Si es que en algo ha cambiado nuestra conciencia cívica, aunque sea una pizca, este cambio no puede consistir en otra cosa que repudiar terminantemente dictaduras y tiranías del pasado. Sopesemos pues: ¿riesgo de cambiar este modelo económico (que está lejos de generar plena satisfacción, por cierto) o vuelta al pasado, al infierno, a ese cuya finalización celebramos y ahora queremos que vuelva para evitar un «mal mayor»? ¿Es que acaso puede haber algo peor a eso? Pero bueno, hay mucha gente que ya sopesó, que ya puso las opciones en la balanza, que ya vio con cuál se va a perjudicar menos, y, por tanto, a cuál está apoyando. Uno de ellos, para llevar el contrasentido a sus niveles más alucinantes, es un poderoso grupo empresarial que tiene un diario que dice ser independiente y veraz pero que no ha tenido reparos en alinearse con descaro a un régimen contra el cual se siente orgulloso de haber combatido. Estos ya han mostrado su verdadera cara. Me dan pena y asco, y les tengo cero credibilidad.
A Humala le han dicho de todo, pero uno de los calificativos que calzó hondo en los medios fue el de «lobo en piel de cordero». Sin embargo, ante la amenaza inminente de traer de vuelta a un régimen comprobadamente corrupto y que su forma de gobernar se basaba en la opresión, el autoritarismo y la violación sistemática de derechos humanos, yo, con justa razón, me pregunto quién es el verdadero lobo.
Humala en su devaneo
Publicado el 12 mayo, 2011 Deja un comentario

Ollanta Humala y sus voceros tienen una política clara: la del sí, no, tal vez, todo lo contrario.
Ellos han pasado de proponer un plan de gobierno mesiánico (fue bautizado como «La gran transformación») plagado de propuestas radicales, avezadas, antisistema y altamente refutables, del cual se sentían tan orgullosos y con el que obtuvieron una adhesión de casi un tercio del país, han admitido que podría ser modificado para generar consensos, se desdijeron, se rectificaron, aprobaron un «compromiso con el Perú», se volvieron a desdecir, suscribieron el acuerdo nacional, afirmaron que no lo tirarían al tacho, y hace dos días, un entusiasta guardaespaldas del comandante anunció que sería dejado de lado temporalmente (luego se corrigió y dijo que sería definitivamente).
Cualquier elector medianamente entendido debería sentirse engañado, burlado, taimado. ¿Es posible que un partido político serio tenga tantos vaivenes al punto de cambiar un plan de gobierno presentado al electorado, a las autoridades públicas, al país? ¿Qué pretenden? Humala dice que quiere buscar consensos y para eso pretende legitimarse con asesores de campañas perdedoras que no mostrarían un perfil nocivo para dos tercios de la población.
Pero luego dice que modificar el plan de gobierno sería un gesto de autoritarismo porque traicionaría la confianza depositada por la gente que votó por él. Entonces, lo quiere cambiar y no lo quiere cambiar. Lo primero, para ganar más votos; lo segundo, para no perder los que ya tiene. Y las encuestas vienen demostrando que este doble discurso no le está dando los resultados que esperaba: apenas ha captado un 7% más de su votación en primera vuelta, mientras que su contrincante ha pasado de 23% a 40%. Y esto no es poca cosa. A pesar de lo nocivo y inverosímil que significaría un nuevo fujimorato, los peruanos no vemos con buenos ojos la actitud del comandante, que nunca estuvo -ni probablemente esté- más cerca de llegar a la presidencia como ahora.
Otra alternativa es asumir que Humala no estaba preparado para esta elección. Y claro, si tuvo cinco años para preparar un documento en donde exponga cómo pretende dirigir el país, pero luego quiere dejarlo de lado al ver la coyuntura política, no hay mucho que pensar. Torpeza política, pienso, y solo por estas gravísimas inconsistencias el comandante merece perder en las urnas. Quiere satisfacer a los que lo quieren y a los que no lo quieren, y ese podría ser el factor clave de su derrota.
Pero lo más preocupante de todo es qué pasará si llegan al poder. Tienen un plan de gobierno -defendido primero, vituperado después- y ahora alistan otro. Quizá podremos identificarlos como el plan de gobierno para la primera vuelta y el plan de gobierno para la segunda vuelta. Suena casi a chiste, pero en realidad no es otra cosa lo que Gana Perú pretende.
Imaginemos este escenario: Luego que a Humala le coloquen la banda, y tras de las celebraciones, se reúna con sus asesores, amigos, con Nadine, ¿qué van a decidir hacer con el país? ¿Van a fomentar la participación estatal en actividades estratégicas? ¿Van a quitarnos nuestros aportes de las AFP? ¿Convocarán a una Asamblea Constituyente? ¿Constituirán un nuevo consejo de prensa? ¿Renegociarán los TLC? ¿Van a botar a todos los directivos de los organismos reguladores? Atendiendo a los lamentables devaneos en los que se han visto sumidos, cualquier cosa que digan no puede ser creíble. Sería ingenuo hacerlo. Ya han mentido mucho. Ha demostrado que con tal de lograr la presidencia, harán cualquier cosa.
¿Qué nos queda? Pues resignarnos a que sea elegido quien sea apoyado por la mayoría… y luego a luchar por la democracia.
Formalismo-valorativo: una somera introducción
Publicado el 4 mayo, 2011 Deja un comentario

Daniel Mitidiero
La doctrina brasileña es riquísima en contenido y, ciertamente, ha avanzado muchísimo en estos últimos años, tanto así que en una parte de ese país-continente (concretamente, en Rio Grande do Sul) se ha venido forjando una escuela que pregona lo que se denomina formalismo-valorativo, que vendría a ser la última fase a la que ha llegado el proceso civil contemporáneo.
¿Suena enigmático el término? Pues aquí trato de dar una pequeña explicación que viene a ser una breve introducción al tema.
Todavía sobre la nulidad procesal
Publicado el 4 mayo, 2011 Deja un comentario
Aquí procuro identificar cinco tópicos para aproximarnos un poco más el complejísimo tema de la nulidad procesal. Espero sea de su agrado.
Una vista hacia atrás
Publicado el 4 mayo, 2011 Deja un comentario
Comparto con ustedes algunos trabajos algo antiguos. Hay cosas con las que ya no estoy de acuerdo por la sencilla razón que sigo en una etapa en donde los libros van y vienen, y siempre hay alguien que expone mejor las cosas.
Estos artículos tienen que ser leídos, entonces, en su verdadero contexto: el reflejo de un camino por esto que se llama aprender.
Se trata de 4 artículos: «Hacia la construcción de una teoría de la ineficacia procesal para el proceso civil peruano», «Apostillas a la acumulación de procesos», «La nueva ideología del proceso civil y el principio de inmediación» y «Sentencia y autoridad de cosa juzgada en el proceso de alimentos».
Espero sus comentarios.
Israel y la transformación del mundo árabe
Publicado el 3 marzo, 2011 Deja un comentario
Comparto con ustedes un brillante artículo de Ilan Pappé, historiador judío.
Israel: idéntica cartografía, geografía variable
Israel cree que el triunfo de las revoluciones de Túnez y de Egipto le supone una muy mala cosa. Que la televisión muestre a ciudadanos árabes educados y no islamistas,que en perfecto inglés exponen sus articuladas opiniones sobre la democracia sin recurrir a la retórica antioccidental, no puede serle, desde luego, sino una muy mala cosa. Y si además los ejércitos de esos dos países se abstienen de matar a tiros a los manifestantes, entonces… bueno, entonces la cosa se pone todavía peor, porque hace que su política de ocupación de Cisjordania y Gaza, además del apartheid ejercido sobre las poblaciones de esos territorios, se parezca demasiado a las políticas de los dictadores árabes.
En su primer, y hasta ahora único, mensaje sensato enviado por Netanyahu a sus ministros, les rogaba no comentar en público los acontecimientos que estan teniendo lugar en Egipto. Oyéndole se diría que, por un instante, Israel hubiera decidido cambiar su papel de vecino ocupante por el de simple visitante. Parece ser que hasta Netanyahu se sintió abochornado por los comentarios de Aviv Kochavi, general en jefe del Servicio de Inteligencia Militar. Y es que, hace apenas dos semanas, este dijo, nada menos que en la Kneset, que el régimen de Mubarak seguía siendo tan sólido y tan resistente como lo había sido siempre.
Pero Netanyahu tampoco pudo mantener la boca cerrada y, cuando la abrió, los demás le imitaron. Sus comentarios fueron de tal calibre que, a su lado, los redactores y presentadores de Fox News casi recuerdan a los pacifistas y hippies de los años sesenta.
El mensaje de Israel es muy simple: la revolución de Egipto -que es la que le pilla más cerca- es una revolución de tipo iraní promovida por Al Yazira y consentida estúpidamente por Barack Obama, que cada día se parece más a Jimmy Carter.
Encabezando la difusión de este «inteligente» análisis figuran los antiguos embajadores israelíes en Egipto, frustrados por haber tenido que pasar todo el tiempo de su mandato sin hacer prácticamente nada, encerrados en un apartamento cairota sin muchos lujos. Ahora, sin embargo, han entrado en erupción con la fuerza de un Etna imparable: «Lo que está sucediendo en Egipto es algo malo, pero que muy malo para todos los judíos», afirmaba Zvi Mazael en el Canal Uno de la televisión israelí el pasado 28 de enero.
En Israel, si alguien dice «malo para los judíos» los demás entienden enseguida que es malo para los israelíes y también, puesto que es malo para Israel, es malo para todos los judíos del mundo (y esto en contra de todas las evidencias en sentido contrario desde que se fundó el Estado de Israel).
Lo cierto es que lo verdaderamente malo para Israel son las comparaciones, porque, independientemente de cómo vaya a terminar todo esto, los acontecimientos actuales en el mundo árabe dejan al descubierto, como nunca antes, todas sus mentiras y falsas pretensiones.
Egipto ha estado viviendo una Intifada pacífica en la que laúnica violencia existente ha procedido de los más leales a Mubarak. Hasta ahora, el Ejército no ha disparado allí un tiro, pero, en cambio, el ministro del Interior, en los primeros siete días de protestas, se empleó a fondo para aplastar las manifestaciones, por lo que fue expulsado del Gobierno y será, con toda seguridad, llevado ante los tribunales.
Hoy sabemos que era solo una táctica destinada a ganar tiempo para que los manifestantes se fueran a casa. Pero es que algo así nunca ha sucedido en Israel, un país donde todos los generales que en su día ordenaron disparar contra los palestinos, o a los judíos contrarios a la ocupación, son los mismos que compiten ahora por el puesto de general en jefe. Uno de ellos, Fair Naveh, ordenó en 2008 acabar con cualquier palestino sospechoso, incluso en el caso de que no se resistiera al arresto. Ese hombre nunca irá a la cárcel, pero Anat Kamm, la joven periodista que descubrió estas órdenes, se enfrenta ahora a una condena de nueve años por pasárselas a Haaretz, que las hizo públicas. Resumiendo: ningún militar o político israelí pasará un solo día en la cárcel por haber ordenado a las tropas que disparen sobre manifestantes desarmados, civiles inocentes, mujeres, hombres y niños. Pero, claro, la luz que emanan los acontecimientos de Túnez o Egipto es tan fuerte que alcanza a iluminar perfectamente los más oscuros rincones de la «única democracia» de Oriente Próximo.
Así que, por supuesto, los árabes democráticos y no violentos (sean o no religiosos) no pueden ser sino algo «malo» para Israel. Aunque quizá este tipo de árabes ha estado ahí todo el rato y no solo en Egipto sino también en Palestina. En ese sentido, la insistencia de los especialistas israelíes en que el tratado de paz con Egipto está en peligro es solo una maniobra de distracción. Lo único que está en riesgo ahora es la pretensión de Israel de ser un islote occidental estable y civilizado, rodeado por un mar de fanáticos islamistas. Lo verdaderamente «malo» para Israel es que la cartografía siga siendo la misma, pero la geografía cambie, que siga siendo un islote, un islote de bárbaros y fanáticos rodeado por un mar de nuevos Estados igualitarios y democráticos.
Hace mucho tiempo que la imagen de Israel como Estado democrático se ha borrado de las mentes de una gran parte de la sociedad democrática occidental ¿Qué repercusiones podría tener este hecho en las especiales relaciones que mantiene con Estados Unidos? El tiempo lo dirá.
De momento las voces nacidas en la plaza Tahrir advierten que las falsas mitologías de la «única democracia de Oriente Medio», núcleo duro del fundamentalismo cristiano (mucho más siniestro y corrupto que el de los Hermanos Musulmanes), de la altamente rentable industria armamentística, del neo-conservadurismo y de las brutales maniobras de los lobbies, no podrán garantizar por siempre las relaciones especiales entre Israel y Estados Unidos. Incluso manteniéndose por algún tiempo, es probable que la ayuda del amigo americano no sea suficiente para mantener un Estado judío étnicamente racista en un mundo árabe en plena transformación.
Y, sí, después de todo, puede que a medio plazo estas buenas noticias no lo sean tanto para los judíos de Israel. Estar rodeados por gentes que dan la bienvenida a la libertad, la justicia social y espiritual, cuyos barcos surcarán las aguas, unas veces del mar en calma, otras de mar gruesa, de la tradición y la modernidad, el capitalismo agresivo y la supervivencia cotidiana, no será fácil.
Ahora, sin embargo, hay una mayor esperanza de que cambios parecidos puedan darse en Palestina. Y ello con el fin de que el siglo -ahora ya más de un siglo- de sionismo termine de una vez y se logre la reconciliación entre los palestinos víctimas de políticas criminales y la comunidad judía.
Una reconciliación que ha de ser justa -o no será-, construida sobre la base de su derecho al retorno, así como de los derechos humanos, sociales y políticos -hasta ahora negados-, por los que también el pueblo de Egipto ha luchado valientemente durante las semanas de enero en que el mundo concentró su mirada en la plaza de Tahrir.
Ilan Pappé es profesor de Historia y Director del Centro Europeo de Estudios sobre Palestina de la Universidad de Exeter. Out of Frame: The Struggle for Academic Freedom in Israel (Pluto Press 2010) es su último libro. Traducción de Pilar Salamanca.
La carrera por la presidencia en el Perú: paradojas e injusticias
Publicado el 18 febrero, 2011 Deja un comentario
Hace tiempo que muchas cosas me molestan de la forma cómo se viene dando la campaña presidencial en mi país. Por fortuna, mis sensaciones son también las de Patricia del Río, una destacada periodista peruana. Transcribo su columna de hoy en Perú 21.
«Por una mejor campaña (para leer tomándose una coca cola)
Por cada mechón de pelo que se cortan los candidatos para demostrarnos que no se drogan, hay más de 100 mil toneladas métricas de hoja de coca sembradas en nuestro país, sobre lo que no escuchamos ninguna propuesta electoral seria.
Por cada bailecito, dancing o pasito vergonzoso que se echan los aspirantes a presidentes en calles y plazas para ganar votos populares, hay 3 millones de peruanos con alguna discapacidad que esperan programas que les aseguren ciudades preparadas para movilizarse.
Por cada plato de olluco, charqui, o combinado que devoran estos señores frente a cámaras, todavía tenemos 425 mil niños peruanos que se van cada noche muertos de hambre a dormir, porque padecen de desnutrición crónica.
Por cada polito que regalan los políticos con su cara sonriente al lado de su numerito, mueren más de 500 personas en las zonas altas del Perú, y más de 20 mil enferman de neumonía, por no tener con qué abrigarse.
Por cada salud compadre, o brindis parrandero, que se pegan en sus mítines quienes pretenden dirigir el país, y por cada botellita de vino con la cara feliz del presidente, diez peruanos pierden la vida, cada día, en accidentes de tránsito provocados muchas veces por el consumo de alcohol.
Por cada insulto gratuito que se lanzan los rivales políticos, las más de 100 mujeres que morirán masacradas, insultadas y torturadas por sus parejas esperan alguna propuesta contra la violencia familiar.
Por cada cura, periodista o político que insiste en tratar a su rival de maricón e intolerante, hay decenas de brutales policías agarrando a jóvenes homosexuales a patadas en las calles por cometer el pecado de besarse.
Por cada sol invertido en millonarios spot electorales, en los que aparecen los candidatos muy bien maquillados sin proponer nada interesante, hay más de cinco millones de niños que aún no entienden lo que leen, que esperan más recursos para su educación.
Por cada mensajito, insulto o saludito enviado por los candidatos vía Facebook o Twitter hay 75% de peruanos, sin acceso a Internet, que no se enteran de nada.
Por cada chapuzón electoral en piscinas, parques zonales, playas y charcos, más de 6 millones de peruanos viven sin contar con el servicio de agua potable.
Por cada aporte fantasma a las millonarias campañas electorales que los candidatos se niegan a esclarecer, 6 mil millones de soles se pierden anualmente por corrupción en el Perú.
Por cada promesa falsa, payasada electoral, snobismo mediático, o gesto mamarrachento de los que ha caracterizado hasta ahora esta frívola campaña electoral, hay 28 millones de peruanos esperando ansiosos mensajes claros, propuestas viables y candidatos decentes, que les aseguren un futuro mejor».
