El sistema adversarial en el proceso penal y el derecho comparado: leyendo un ensayo de Vittorio Denti

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Vittorio Denti fue uno de los procesalistas civiles más destacados del siglo XX, que ocupó por muchos años el puesto de profesor ordinario de la Universidad de Pavía, ahora ocupada por su discípulo Michele Taruffo. La importancia de Denti en la ciencia procesal es enorme: junto con Mauro Cappelletti, a partir de la década del ’50, fue uno de los primeros juristas en denunciar el conceptualismo reinante en Italia, el cual ocasionó una fractura con las necesidades de tutela del derecho material y, asimismo, fue pionero en tratar de encontrar respuestas y nuevas soluciones jurídicas ya no en Alemania -como era moneda corriente debido a la gran influencia de Giuseppe Chiovenda- sino en los países del common law, concretamente en Estados Unidos e Inglaterra. Tanto Cappelletti como Denti, además de su campo de actuación -el proceso civil-, fueron profundos conocedores de los métodos del Derecho Comparado y elaboraron brillantes monografías partiendo de dicha disciplina enfocada en el proceso civil y el sistema de justicia. Entre las obras de Cappelletti destaca el libro “La testimonianza della parte nel sistema dell’oralità“, mientras que entre la producción de Denti sobresale el ensayo “Diritto comparato e scienza del processo“, publicado en la Rivista di diritto processuale del año 1979.

Precisamente un fragmento de este ensayo llamó poderosamente mi atención: en donde habla de la reforma del proceso penal inspirada en el adversary system norteamericano que quería realizarse en Italia en esa época. Mi intención en estas líneas es apenas traer a colación las graves advertencias que hizo Denti, pues pienso que podrían ser tomadas en cuenta dada la situación del proceso penal peruano -ya sin posibilidad de marcha atrás, por cierto-, el cual, a partir del Código Procesal Penal del 2004, ha adoptado el adversary como modelo preponderante.

Pues bien, ¿qué es lo que dice nuestro amigo Denti? Colocando ejemplos de “riesgos ínsitos en el uso de instrumentos de comparación que no tengan en cuenta la concreta realidad de los ordenamientos” menciona, precisamente, el modelo acusatorio de la reforma del proceso penal italiano que se quería llevar a cabo en ese entonces. Empienza diciendo que el proceso penal del common law es el modelo históricamente más perfeccionado del modelo de proceso penal acusatorio porque se basa en debates orales, cuya corrección es asegurada por la presencia del juez, caracterizados por el examen directo de los testimonios de las partes por el Ministerio Público y el abogado defensor, contando, además, con la técnica de la cross-examination o interrogatorios cruzados. Si mal no me equivoco, más o menos esto es lo que pretende el modelo implantado por el nuevo CPP: un proceso netamente oral, con el tribunal expectante en los debates entre fiscal y defensor.

No obstante, a partir de sus profundos conocimientos como comparatista, Denti es poco menos que implacable: dice que el modelo acusatorio no puede ser desvinculado de su característica fundamental, cual es la de desarrollarse ante un jurado. Según él, la justificación de las reglas de debate del trial reside en la intención de “hacer revivir al jurado la realidad entera del proceso y de evitar distorsiones y errores en el juicio que el jurado es llamado a expresar sobre los hechos”. Exactamente esto explica, también, la neutralidad del juez: éste no debe influenciar en el jurado en la representación de los hechos, es decir, su no intervención garantiza que aquel no tenga prejuicios de ningún tipo, pues al fin y al cabo, es el jurado quien decide y no el juez. Esta situación es la que, a su vez, explica claramente un mayor espacio de iniciativa a las partes litigantes.

Pero Denti no se detiene allí. Más adelante explica que el bajísimo porcentaje de procesos penales que llegan a la fase de debates (según él, se trata del 10%, no olvidando que estamos en el año ’79) se debe a dos razones: el plea barganing, es decir, el acuerdo entre fiscal y acusado donde éste recibe una pena menor a la que se le buscaría imponer, y la existencia de procesos sumarios sin jurado y sin abogado defensor para crímenes menos graves. ¿Qué quiere decir todo esto? Que al trial sólo llegan las causas más graves en un número muy limitado, siendo que es absolutamente imposible extender este modelo a todos los procesos penales, más aún si su funcionamiento conlleva un alto costo y, asimismo, si no se ha resuelto “el problema de la defensa de los imputados sin recursos económicos”, dado que el modelo acusatorio también involucra a los defensores de oficio (que, hasta donde llega mi conocimiento, en el Perú, se trata de una institución absolutamente abandonada). En efecto, como afirma Denti, la actuación técnica en el trial demanda una preparación muy específica por parte de los fiscales y abogados. Pregunto: ¿están nuestros abogados de oficio capacitados para tener éxitos en sus casos?

Por último, Denti remata dando cuenta que se llegó a discutir sobre la constitucionalidad del plea barganing pero que hasta sus propios críticos reconocieron que sin esta técnica, la justicia penal sencillamente no tendría cómo funcionar.

Finalmente, ¿cuál es mi conclusión después de compartir esta valiosa lección? Que saber derecho comparado no sólo es importar soluciones jurídicas y modelos de realidades distintas a la nuestra porque “nos gusta” o porque “creemos que es el mejor modelo”, sino presupone, como dice Denti, “que venga puesto correctamente la relación entre derecho y cultura”, la cual implica conocer a profundidad, mediante un riguroso estudio, el funcionamiento, las características y las razones del modelo, técnica o institución jurídica que hemos delimitado como nuestro objeto de comparación, no sólo desde su mero perfil técnico (“comparar” textos legislativos no es comparación jurídica), sino desde tomando en cuenta aspectos económicos, sociales (Denti inclusive hace énfasis en el elemento religioso) y, si es que nuestra intención es hacer reformas, desde una perspectiva de política del derecho; en otras palabras, se trata de conocer la cultura donde se inserta nuestro objeto y asimilar y entender la complejidad de sus implicancias. No menos importante, por cierto, es elegir un método de comparación.

Hasta aquí por mi parte. Todas las demás intranquilidades que pudieran surgir a partir de este brevísimo artículo se lo dejo a quienes conozcan más sobre lo que está ocurriendo (y lo que podría ocurrir) con el proceso penal en el Perú.

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2 comentarios en “El sistema adversarial en el proceso penal y el derecho comparado: leyendo un ensayo de Vittorio Denti

  1. Alcides Chinchay

    Nuestro proceso no es adversativo (o adversarial), como se puede apreciar de estas facultades judiciales (que ya tiene antecedentes en el antiguo modelo procesal):

    Si se ha formalizado la acción penal, el Juez pasa a controlar un criterio de oportunidad, pese a que ello es competencia fiscal (en el antiguo modelo, art· 2º, penúltimo párrafo [CPP 1991]; en el CPP de 2004, art· 2º.7)
    Potestad judicial de nombrar peritos (pericia como acto de investigación) (en el antiguo modelo, art· 160º; en el CPP de 2004, art· 173º.1)
    Oposición judicial de oficio a la decisión fiscal de no acusar, para forzar la investigación (en el antiguo modelo, art· 220º.b; en el CPP de 2004, art· 346º.5 [limitado a pedido de parte])
    Oposición judicial de oficio a la decisión fiscal de no acusar, como impugnación – consulta al superior jerárquico del Ministerio Público (en el antiguo modelo, art· 220º.c; en el CPP de 2004, art· 346º.1)
    Base en el expediente (en el antiguo modelo, art· 219º; en el CPP de 2004, art· 355º)
    Interrogatorio del imputado por parte del Fiscal y recién luego por la defensa (en el antiguo modelo, art· 244º.2; en el CPP de 2004, arts· 375º.3 [del alguna manera] y 376º.4)
    Potestad judicial de interrogar a los órganos de prueba (en el antiguo modelo, arts· 244º.2 y 251º; en el CPP de 2004, art· 375º.4)
    Potestad judicial de actuar prueba de oficio (en el antiguo modelo, art· 229º.3 [implícitamente]; en el CPP de 2004, art· 385º.2)
    La desvinculación procesal (en el antiguo modelo, art· 285º-A; en el CPP de 2004, arts· 374.1 y 397º.2)

    Así, el Juez no se basa sólo en las alegaciones orales de las partes ni deja de usurpar funciones de la defensa y del fiscal, si cree que “no lo están haciendo bien”. Por tanto, nuestro CPP de 2004 tiene tanto de adversarial como Gastón Acurio tiene de músico, o Gianmarco de cocinero.

    Los autores del Código (y sobre todo su más célebre representante) lo han hecho así con premeditación, alevosía, saña, ventaja, perfidia y nocturnidad. Como en la canción de Julieta Venegas y Paulina Rubio: «nada de esto fue un error»

    Y por cierto que la defensa pública en temas del CPP de 2004 está muy bien capacitada y constituye la peor pesadilla de los Fiscales. Los defensores privados, en términos generales, están pateando cilindros con efecto retroactivo, al lado de los defensores públicos.

    • Estimado Alcides, gracias por comentar. Es claro que no soy experto en procesal penal, pero los poderes del juez que tú has mencionado no niegan de ninguna manera que el nuevo proceso penal se haya fundado en buena medida en el modelo de proceso adversarial que señalé a partir del ensayo de Denti. Es claro que el modelo adoptado por el CPP 2004 no es un modelo puro pues una característica esencial de dicha “pureza”, como ocurre en EEUU, es la neutralidad del juez. Esto no ocurre en el Perú, como tú bien lo demuestras. Pero de ahí a negar completamente el carácter de adversarial me parece, salvo mejor parecer, una exageración. De alguna manera ello se puede reconducir al hecho de que, hasta donde conozco, no hay estudios serios de comparación jurídica entre nuestro sistema procesal penal y el norteamericano. El hecho de hablar de modelos ya implicaría entrar en los linderos del derecho comparado, lo cual sería por demás útil para resolver eventuales problemas en la teoría y en la práctica. Al fin y al cabo, como dice Taruffo, conociendo otros sistemas nos ayudará para conocer el nuestro.

      En cuanto a lo que me dices de los defensores de oficio, no tengo más que decir que lo siguiente: ¡enhorabuena!

      Saludos,

      Renzo

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