Un rey sin séquito: Julio Granda, el ajedrez peruano y los medios

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Julio Granda Zuniga

Foto: chessvibes

Columna publicada el martes 27 de agosto en Consulta Previa.

Julio Granda es sinónimo de ajedrez y, qué duda cabe, es conocido a lo largo y ancho del Perú, no sólo por los miles de cultores de este deporte, sino también por aquellos que no lo practican. Y no es para menos: Julio fue campeón juvenil a los 13 años, lo que le valió los laureles deportivos, y fue el primer gran maestro que tuvo nuestro país (en 1986, a los 19 años de edad).

Para los que hemos seguido su trayectoria con atención, a lo largo de su carrera Julio ha tenido resultados espléndidos contra ajedrecistas de primer nivel y hoy, además de ser el número 79 a nivel mundial, es, indiscutiblemente, uno de los mejores a nivel latinoamericano. De lejos, Julio es uno de los deportistas más exitosos que ha visto –y sigue viendo– nuestro país.

Hace pocos días Granda estuvo compitiendo en Tromsø, Noruega, y llegó a los octavos de final de la Copa del Mundo de Ajedrez. Salvo Magnus Carlsen, Viswanathan Anand (estos dos preparándose para su duelo por el título mundial), Veselin Topalov y un par más, este torneo agrupó a los mejores ajedrecistas del orbe. ¿Cómo fue que Granda llegó a este privilegiadísimo torneo? Ganando en mayo pasado, por segundo año consecutivo, el Torneo de las Américas, que congregó a los trebejistas más fuertes del continente. ¿Y cuál es el premio que otorga la Copa del Mundo? Además de dinero, un pase directo al Torneo de Candidatos de 2014, torneo que define quién será el retador del campeón mundial vigente. El solo hecho de participar en esa competición y tener una chance directa de luchar por el título mundial (aquel que detentó Karpov o Kasparov y que ahora ostenta Anand) ya significaría pertenecer a la élite mundial de este reñido deporte.

Pero la participación de Julio no fue debut y despedida, por el contrario: desde cualquier punto de vista fue extraordinaria. Después de dejar a dos rivales en el camino, en la ronda de los 64 mejores tuvo como rival a Peter Leko, prodigio en su tiempo, uno de los maestros más fuertes y respetados del medio, retador del título mundial en 2004… y lo superó. Llegando a los mejores 32 se topó con el holandés Anish Giri, otro prodigio que en los últimos años viene compitiendo en el más alto nivel, y le ganó con claridad en las partidas de desempate. Ya en octavos de final, Julio encaró un rival que, en ese momento, poseía el mejor ranking de toda la competición: el italiano Fabiano Caruana, tercero en el mundo, y ganador de varios torneos de elite. Y hasta allí llegó la aventura de Julio en la Copa del Mundo: quedando entre los mejores 16, dejando en alto el nombre del Perú.

Ante esta situación, veo, por ejemplo, que dos semanas antes del partido contra Uruguay, ya en el trecho final de unas Eliminatorias mediocres y poco auspiciosas, no dejan de aparecer noticias sobre, por ejemplo, cuáles son las claves para ganar ese bendito partido, sobre la gravedad de la lesión de Farfán, sobre el hecho que Markarián juegue contra la selección de su país, etc. De la participación de Granda, al menos en los diarios principales, no hubo ni una línea. Quizá habría existido alguna noticia si Julio hubiese ganado el torneo o si hubiese quedado en los primeros puestos. Y esto sería mucho pedir.

Yo me pregunto, además, qué ocurriría si tuviésemos un tenista que, como Lucho Horna, llegase al puesto 79 del ránking mundial y participase, digamos, en un Grand Slam y fuese eliminado en octavos de final. Esto, pienso, sería lo más parecido a lo que Julio hizo en Noruega. Pregunto: ¿cuál sería la cobertura de la prensa en aquel hipotético caso? Es más que seguro que inmensa.

Ahora bien, no es posible negar que en los últimos años, gracias a las espectaculares victorias de los hermanos Cori y del propio Granda, los medios han tenido un cierto interés por nuestros ajedrecistas, pero quizá con no poca resistencia porque es un tema que no vende tanto o porque, en el caso de los medios virtuales, no genera mucho tráfico. Sea como fuere, los triunfos cosechados por el ajedrez peruano han sido inversamente proporcionales a la atención que la prensa le ha dado. Y es que no sólo debe ser noticia un primer o segundo lugar en un Panamericano u otro torneo, sino que el seguimiento debe ser intenso y no meramente residual. Ello traería no sólo justicia con uno de los deportes que, a diferencia de nuestro alicaído fútbol, más éxitos ha traído al país, sino también promovería, de forma determinante, el tan ansiado apoyo del sector público y privado. Al fin y al cabo, no es suficientes una que otra esporádica ceremonia en Palacio de Gobierno.

De lo contrario, si esta situación continuase, brillantes ajedrecistas como Julio Granda (quien vive en España debido al nulo apoyo por parte de una Federación de Ajedrez controlada hace años por una gavilla que se esmera por hacer una peor gestión que la anterior), seguirán compitiendo en torneos cuyo costo de inscripción sale de su propio bolsillo, y, aún peor, continuarán ofreciendo dignísimas participaciones sin que nadie, salvo algunos curiosos, se enteren y se lo reconozcan.

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