“Valoración conjunta de los medios probatorios”: ¿Qué significa eso? Una opinión de Michele Taruffo

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Michele Taruffo (foto: El Peruano).

Michele Taruffo (foto: El Peruano).

Amigos, comparto con ustedes un pequeño fragmento del artículo “Prueba, verdad y Estado de Derecho” (Evidence, Truth and the Rule of Law) de Michele Taruffo, en traducción de mi autoría, publicado en Gonzáles Álvarez, Roberto (coord.). Constitucionalismo y proceso – Tendencias contemporáneas. Lima: Ara Editores, 2014, pp. 27-41, y próximo a ser re-publicado en Cavani, Renzo y Paula Ramos, Vitor de (coords.). Prueba y proceso judicial. Lima: Instituto Pacífico, 2014.

Que este fragmento sirva, por lo menos, de reflexión crítica sobre la así llamada “valoración conjunta de los medios probatorios”. ¿Qué acaso no es más acorde al derecho fundamental a la prueba una valoración racional de los medios probatorios? ¿Es posible seguir sustentando que el modelo de valoración de la prueba es el convencimiento o la íntima convicción, siendo este un estado meramente subjetivo que, por su propia definición, no es controlable intersubjetivamente? El prof. Taruffo aquí, describe dos formas de analizar los medios probatorios: holísticamente y analíticamente. Así, si es que en el proceso civil realmente importa la búsqueda de la verdad: ¿cuál creen Ustedes que sería el más adecuado?

 

“¿Historias holísticas?

La referencia al jurado lleva a una cuestión adicional que merece ser discutida aquí, esto es, la cuestión de si la prueba debe ser considerada analíticamente u holísticamente. El origen del problema reside en diversos estudios desarrollados en el área de psicología social, según el cual los jurados no toman en cuenta los ítems particulares de prueba uno por uno, con el objetivo de establecer el peso probatorio de dichos ítems con referencia a cada alegación fáctica específica. Al contrario, dichos estudios dicen que los jurados tienden a evaluar todas las pruebas conjuntamente, como un todo homogéneo (de ahí el término “holístico”) y para referir este “todo” a la historia completa que parece ser comprobada por “todo” el conjunto de pruebas. Aquí el problema no es establecer si esta imagen de cómo los jurados se comportan describe fielmente lo que el jurado realmente hace (si fuese así, como probablemente es, se debería reflexionar seriamente sobre los pros y contras de un sistema de jurados). Así, el punto es si un método “holístico” es o no la mejor manera de apreciar la valor probatorio epistémico de la prueba a la mano, o si una consideración “analítica” de la prueba funcionaría mejor como una forma de establecer la verdad de los hechos en causa.

Hay muchas y buenas razones para preferir la aproximación analítica. Una razón es que de ninguna manera es claro qué significa apreciar “toda” la evidencia de un vistazo, sin establecer qué información, cuán confiable, cuán relevante o cuán útil es proveída por cada ítem específico de prueba. Por ejemplo, está lejos de ser claro cuál podría ser el resultado de todos los testimonios presentados en juicio sin apreciar la credibilidad de cada testigo y la confiabilidad de sus respuestas. ¿Acaso no debería distinguir la apreciación “holística” entre testimonios verídicos y falsos?

Otra razón es que a fin de determinar si una historia es o no una descripción verdadera de lo que ocurrió, sería necesario establecer si cada enunciado factual incluido en la historia es verdadero o no (esto es, si ha sido probado o no). Parece bastante obvio que si una historia es (como usualmente es) una narración de una cadena de eventos, es verdad si y sólo si todos los eventos conectados realmente ocurrieron. Si uno o varios eslabones de la cadena son dudosos o si simplemente no fueron probados, la historia no puede ser considerada como verídica en su conjunto dado que la fuerza persuasiva de la cadena es igual a la fuerza de su eslabón más débil. Decidir que la historia completa es verdadera o falsa sin conocer si sus partes (p. ej., los enunciados concernientes a eventos singulares) son verdaderas o falsas parece ser un sinsentido, dado que si faltan una o más conexiones de la cadena, ella simplemente no existe como tal.

El punto principal aquí es que el juez de los hechos “holístico” puede estar inclinado a preferir una historia de los hechos en causa no porque esté completamente probado como verdadero en todas sus partes, sino apenas porque la historia total parece ser coherente, narrativamente buena y, por tanto, “persuasiva”. Pero aquí el peligro es que el juez de los hechos puede tomar como verdadero un hecho que podría no haber ocurrido y, a la vez, podría no considerar relevante un hecho que podría haber ocurrido realmente. Una vez más, en este punto estamos razonando como si el proceso judicial fuese algo como una competición literaria y no una empresa epistémica cuyo objetivo es encontrar la verdad de los hechos en causa”.

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