Mensalão y los “embargos infringentes”: informarse para informar mejor

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Celso de Mello, el juez más antiguo del STF

Celso de Mello, el juez más antiguo del STF 

Hoy ha circulado la noticia de que, tras el voto del ministro Celso de Mello, el Supremo Tribunal Federal brasileño (STF) decidió “reabrir el juicio” de los condenados por el Mensalão, es decir, la compra de votos de algunos parlamentarios -compra orquestrada por la cúpula del Partido de los Trabajadores (PT)- para que apoyen algunas iniciativas legislativas del gobierno de Luiz Inácio “Lula” da Silva. Muchos de los dirigentes más importantes del PT -incluído José Dirceu, mano derecha de Lula- fueron hallados responsables y condenados a cumplir severas penas.

Gracias al voto de Celso de Mello, se admitieron a trámite los embargos infringentes interpuestos por doce de los veinticinco condenados. Pero, ¿será que ello significa abrir nuevamente el proceso ya concluído, como afirma Francho Barón, columnista de El País, el diario en español más leído en el mundo? No. Se está desinformando de forma gravísima.

En primer lugar, hay que tener presente que el sistema recursal en Brasil es muy complejo. Sólo en el proceso civil y afines existen más de diez tipos diferentes de recursos. Ahora, los embargos infringentes proceden “cuando la decisión de segundo grado [acórdão] no unánime haya reformado, en grado de apelación, la sentencia de mérito (…)” siendo que la finalidad de la figura es “provocar un mayor debate respecto de la materia de bajo juzgamiento en vista de su complejidad, evidenciada por la existencia de visiones diferentes al respecto en el Poder Judicial”, presuponiendo, por ello, una divergencia, esto es, una no unanimidad en el órgano colegiado que decidió la causa (Alvaro de Oliveira; Mitidiero. Curso de processo civil, vol. 2. Processo de conhecimento. São Paulo: Atlas, 2011, pp. 193-194).

Pero los embargos infringentes, en este caso, se dieron en el contexto de una acción penal iniciada ante el mismo STF (competencia originaria), tal como manda la Constitución Federal brasileña. Más allá si es correcto que se hayan admitido o no (hay arduos debates al respecto, y no sólo a partir de los votos de los ministros del STF), lo que interesa saber ahora es qué pasará. Definitivamente no es un “nuevo juicio”, como si el anterior hubiese sido anulado o como si hubiese sido tirado a la basura. De ninguna manera. Lo que el STF ha decidido es admitir a trámite el recurso, tras lo cual deberá resolver sobre el mérito. Nada más que eso.

Es cierto que podría disminuir las penas (y con ello alterar el régimen carcelario) y hasta absolver a algunos condenados, porque resolver sobre los embargos infringentes implica la posibilidad de reformar (modificar) la decisión, pero eso dista mucho de que el máximo órgano de justicia brasileño haya aflojado o que los autos “hayan quedado en papel mojado” o que se haya “socavado la confianza del pueblo brasileño”. Estas afirmaciones, lanzadas por el columnista Barón, claramente lego en Derecho, reflejan un completo desconocimiento del caso y evidencian una visión propia de quien forjó su opinión en la pura intuición, al igual que muchos ciudadanos brasileños y ahora -gracias a su columna- los lectores hispanohablantes.

Existe una fuerte probabilidad de que cuando el STF resuelva el mérito del recurso no absuelva a nadie y se mantenga en la firme posición de castigar a los “mensaleiros”, inclusive agravando las penas. Los votos de los ministros están divididos, pero todo eso se verá a su tiempo, estando fuera de todo contexto tratar de anticiparse a dicha decisión, generando alarma y empañando, con ello, la labor del Poder Judicial brasileño.

Pero Francho Barón llega aún más lejos: al destacar que Celso de Mello justificó su voto en el derecho de defensa que asiste a los condenados que plantearon los embargos infringentes, afirma que ello “entra en colisión frontal con sus posiciones [las de Celso de Mello] durante el juicio del año pasado. Entonces, el magistrado definió a los acusados como ‘delincuentes que se instalaron en el núcleo más íntimo de la democracia'”.

¿Cuál contradicción?, pregunto yo. ¿Acaso expresar que ciertos sujetos son delincuentes implica privarlos de su derecho de defenderse? Esta es una clarísima muestra de alguien indignado con una decisión judicial que muestra su sentimiento (subjetivo) de justicia, pero que está muy lejos de dominar el discurso jurídico. Y si bien ello es entendible para el ciudadano de a pie, que quiere ver presos a los corruptos que padece Brasil hace varios años; por el contrario, es imperdonable para un columnista de uno de los diarios más leídos del orbe. Nada cuesta informarse para informar mejor.

 

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