MVLL, Accomarca y la necesidad de hacer justicia

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I. La lógica del terror

A partir de la obtención del premio Nobel en 2010, nuestro egregio novelista Mario Vargas Llosa ha estado en boca de todos mucho más que nunca: se ha hablado de su vida, obra, ha aparecido en portadas, sus libros se han vendido como pan caliente, etc., todo con justa razón, por cierto, pues MVLL es una persona digna de admiración.

No obstante, quisiera desempolvar del baúl de los recuerdos un ensayo suyo que data de 1980, titulado “La lógica del terror” (publicado hace poco en Sables y Utopías.Visiones de América Latina, Lima: Aguilar, 2008, pp. 123-126). En este trabajo, escrito con motivo de los primeros atentados de Sendero Luminoso no bien el Perú retornó al camino de la democracia, MVLL hizo varias reflexiones en torno al terrorismo.

En principio, se preguntaba cuál es el propósito de un terrorista al cometer sus actos. No lo es -según él- un acto irreflexivo o producto de la insania; por el contrario, obedece a una rigurosa lógica y una estricta preparación intelectual. Asimismo, el terrorista hace uso de la violencia porque “es el único instrumento capaz de pulverizar las apariencias engañosas creadas por las clases dominantes para hacer creer a los explotados que las injusticias sociales pueden ser remediadas por métodos pacíficos y legales y obligarlas a desenmascararse, es decir, a mostrar su naturaleza represora y brutal”. Entonces, “para la lógica del terror ‘vivir en demoracia y en libertad’ es un espejismo, una mentira, una maquiavélica conspiración de los explotadores para mantener resignado a los explotados”.

"Den Xiaoping hijo de perra". Así es como Sendero Luminoso comenzó a manifestarse en el escenario político-social

Así, el terrorista quiere mostrar la violencia perpetrada por los poderosos y ricos, violencia contenida en el hambre, el analfabetismo, los sueldos irrisorios, etc. Y para revelar esta violencia, se vale, a su vez, de la violencia. ¿Y por qué esto ocurrió con Sendero Luminoso cuando afloraba la democracia después de 12 años, y no cuando imperaba la dictadura? Porque la dictadura, de acuerdo al terrorista, refleja lo que la realidad social es: persecuciones, asesinatos, secuestros. La democracia, al contrario, amortigua la voluntad de las masas de rebelarse y desactía la rebeldía.

MVLL concluye en gran forma: “El mayor peligro para una democracia no son los atentados, por dolorosos y onerosos que resulten; es aceptar las reglas de juego que el terror pretende implantar. Dos son los riesgos para un gobierno democrático ante el terror: intimidarse o excederse. La pasividad frente a los atentados es suicida. Permitir que cunda la inestabilidad, la psicosis, el terror colectivo, es contribuir a crear un clima que favorece el golpe de Estado militar. El gobierno democrático tiene la obligación de defenderse (…). Al mismo tiempo, no debe olvidar un segundo que toda su fuerza depende de su legitimidad, que en ningún caso debe ir más allá de lo que las leyes y esas ‘formas’ -que son también la esencia de la democracia- le permiten. Si se excede y a su vez comete abusos, se salta las leyes a la torera en razón de la eficacia, se vale de atropellos, puede ser que derrote al terrorista. Pero este habrá ganado, demostrando una montruosidad: que la justicia puede pasar necesariamente por la injusticia, que el camino hacia la libertad es la dictadura”.

II. Accomarca: una desgarradora historia

Hasta aquí las palabras -casi proféticas- de MVLL, palabras que fueron pronunciadas antes de Putis, Accomarca y Cantuta y Barrios Altos. Quizá él no se imaginó la barbarie que Sendero Luminoso habría de cometer, ni mucho menos, en su deseo que el Estado peruano ni se exceda ni se amedrente ante los actos terroristas, los trágicos sucesos perpetrados por las Fuerzas Armadas.

Accomarca es un hito en la triste historia de la guerra interna del Perú librada por Sendero Luminoso. Esta comunidad venía siendo castigada por Sendero desde inicios de los 80′ por no prestar su plena adhesión a las reglas impuestas por la subversión. Con el correr de los años, las acciones se volvieron más violentas, resultando en torturas y asesinatos contra todo aquel que se oponía o cuestionaba su proceder.

Y para desgracia de los humildes comuneros, el Ejército peruano hizo su aparición. En su total ignorancia respecto del enemigo que enfrentaban, el plan de la lucha antisubversiva diseñado era la eliminación sistemática de los miembros que confesaban ser parte de Sendero, e inclusive los sospechosos, a través de ejecuciones sumarias y extrajudiciales. Para ello, ante el poder total que el gobierno civil le otorgó (la gran mancha en el régimen belaundista), el Ejército desarrolló técnicas no menos brutales y sanguinarias que el enemigo al que creían enfrentar, y contra la población a la que se supone tenían que proteger. Así, Accomarca se encontraba entre Escila y Caribdis, sin ningún camino para evitar la muerte.

Accomarca, así como, Lucanamarca, entre otras masacres perpetradas por Sendero, fueron la demostración de que los únicos inocentes fueron humildes campesinos quechuahablantes, que de la noche a la mañana no vieron más a sus padres, hermanos, hijos, o que fueron desarraigados a la fuerza de su pueblo. Tal como la CVR es expresa en reconocer, el Estado peruano de ninguna manera enarboló la bandera de la justicia y la paz: los militares y civiles que participaron en las matanzas son tan execrables como los más sanguinarios senderistas. Ahora que está en marcha toda una campaña de desacreditación del Movadef, y que a la fuerza las instituciones sociales están promoviendo el recuerdo de todo lo que le ocasionó Sendero al país, tampoco puede olvidarse ni soslayarse todo el horror que nuestros defensores de la patria también ocasionaron, como el sanguinario Telmo Hurtado y todos aquellos que le dieron las órdenes.

Al fin y al cabo, si Sendero tuvo la responsabilidad de más del 50% de las 60 mil muertes que produjo su accionar terrorista, alrededor del 40%  de responsabilidad la tuvo el Estado peruano a través de la policía o las fuerzas armadas. Si se quiere justicia, entonces hay que ser justos: para una verdadera reconciliación, todos aquellos para quienes el Movadef alegremente pide una amnistía, deben pagar por sus crímenes.

 

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Pero, ¿qué sucedió exactamente en Accomarca? Aquí la fría -pero fiel- narración de los hechos en el informe final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación:

“A las 6:30 de la mañana aproximadamente del 14 de agosto, el SubTeniente Telmo Hurtado y los integrantes de su patrulla llegaron a la Quebrada de Huancayoc y Lloqllapampa, donde se levantaban algunas chozas precarias que se utilizaban para alojar a los campesinos durante la cosecha del maíz que se daba en esta  zona. La patrulla ingresó por varios frentes realizando disparos de arma de fuego con el supuesto  fin de evitar la fuga de los pobladores. Una vez que tomaron control del lugar, procedieron a buscar choza por choza a los pobladores con el fin de conducirlos hasta una pampa donde se llevaría a cabo una reunión.

Durante esta operación no se produjo ningún enfrentamiento, por lo que no hubo heridos ni muertos en las filas de las fuerzas del orden. Sin embargo, los efectivos militares actuaron violentamente contra las personas que encontraban. La CVR ha podido  determinar  que  tres efectivos militares ingresaron a la casa de Emilia Chuchón Teccsi, ubicada en  la Quebrada de Huancayoc, realizando disparos asesinando a su  padre  José Chuchón Janampa de 65 años de edad y a su madrastra María Baldeón Reza de  54 años de edad. Asimismo, miembros de la patrulla “Lince” 7 entraron en la choza de Clemente Baldeón Tecce, llevándose a su esposa Leandra Palacios Quispe y a su hijo de un mes de nacido. Igualmente, se llevaron a su vecina Bacilisa Pariona Baldeón que se encontraba embarazada y a sus tres menores hijos, incendiando su casa antes de retirarse.

A pesar de que el Ejército realizó una búsqueda exhaustiva de material subversivo, para lo cual utilizaron inclusive perros que habían  llevado  al  lugar, no se encontraron armas, municiones, explosivos o propaganda de Sendero Luminoso.

Luego de la búsqueda, todos los pobladores fueron reunidos en la zona conocida como Hatunpampa. En este lugar, los hombres y las mujeres fueron separados,  siendo  los  hombres sometidos a maltratos y golpeados con la culata de los fusiles. Seguidamente, las mujeres habrían  sido arrastradas hasta una chacra que los  testigos identifican porque había un árbol de molle, donde habrían sido violadas sexualmente.

Alrededor  de  las  once  de  la mañana todas las personas reunidas en Hatunpampa (50 personas aproximadamente)  fueron llevadas por los militares a la casa de César Gamboa de la Cruz, que se encontraba ubicado en el sector de Apuspata, a una distancia de 300 metros. En este lugar, un grupo de mujeres y niños  fueron  introducidos en la cocina -ambiente rústico cercado con piedras y techado con retama- y el grupo más grande de personas en una casa de adobe, que contaba con una puerta de madera y estaba techado con tejas. Una vez que todos los pobladores se encontraban en el interior de la casa, el SubTeniente Telmo Hurtado ordenó a su personal de tropa disparar contra ellas. El propio Telmo Hurtado, además de  dar  la orden de disparar, lanzó una granada provocando una explosión y el incendio de los  lugares  donde se encontraban las personas detenidas. Consumado el asesinato, y con el fin de impedir la identificación como responsables de los hechos y dar la apariencia que se trataba de un ataque de Sendero Luminoso, Telmo Hurtado ordenó a su personal que recogieran todos los elementos o sustancias utilizadas.  Después de estos hechos, los integrantes de la patrulla militar revisaron nuevamente las casas  y chozas de los pobladores, encontrando a  una persona de avanzada edad a quien asesinaron. Asimismo, encontraron a tres niñas, que eran hermanas, las metieron en la casa del señor Alejandro Quispe, donde les dispararon, para luego incendiar la casa.  Habiendo  culminado  con el operativo, los militares se trasladaron a la casa de Paulo Baldeón,  ubicada en el sector denominado Yanacocha, donde festejaron bebiendo, bailando, matando animales de los pobladores y gritando que habían matado terroristas”.

 

Ver los siguientes links:

Informe de la Comisión de la Verdad sobre Accomarca.

Desde el tercer piso.

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