Daniel Mitidiero y su anticipación de tutela: segunda edición

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Daniel Mitidiero, AT 2. ed.

Amigos, ¡salió la segunda edición! Se trata de uno de los libros más importantes escritos sobre el tema en los últimos años, y es muy especial para mí no sólo porque se trata de mi maestro, sino también porque traduje al castellano la primera edición (click aquí). Ni bien tenga el libro y lo lea nuevamente, por esta vía les comentaré cuáles fueron los cambios y la evolución del pensamiento de Daniel al respecto. Realmente promete.

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Debatiendo sobre Cortes de vértice y proceso civil: un anuncio

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Daniel Mitidiero - Cortes Superiores e Cortes Supremas

Siempre es una alegría y entusiasmo especial cuando nuestros nombres aparecen junto a los de nuestros maestros (los verdaderos) en una publicación. Y es que estudiamos, escribimos y aprendemos para llegar a ser como ellos y, luego, seguir nuestro propio camino, siempre con su orientación. Por eso, tener la oportunidad de ver un texto académico que nos vincule a ellos implica sellar, ahora y para siempre, esa unión de mentes y, como dirían los brasileños, esa “parceria“. Pero no sólo ello: también refleja el cariño que ellos nos profesan y la confianza que decidieron depositarnos.

Por mi parte, esa alegría ocurrió cuando, el año pasado, la editorial Marcial Pons publicó el libro “Anticipación de tutela – de la tutela cautelar a la técnica anticipatoria” de Daniel Mitidiero, mi querio maestro, siendo dicho texto traducción mía. Ver nuestros nombres juntos en la carátula del libro fue una de las mejores sensaciones que he tenido hasta ahora.

Y, para mi felicidad, esa sensación volverá a repetirse -espero- dentro de poco: actualmente estoy traduciendo el libro más reciente de Daniel “Cortes Superiores y Cortes Supremas – del control a la interpretación, de la jurisprudencia al precedente”, producto de su investigación post-doctoral en la Università degli Studi di Pavia junto a Michele Taruffo. Confieso que, además de discípulo, soy un asiduo lector de la producción de Daniel, y ese libro (prácticamente agotado), sin duda alguna, constituye una clara muestra de cómo un procesalista decide ahondar sus preocupaciones intelectuales y cómo, a partir de la teoría del Derecho, trabaja con modelos de derecho comparado para, luego, defender un modelo ideal de corte de vértice. Inclusive, el libro es especial para mí porque a partir de él construiré las ideas que darán vida a mi futura tesis de doctorado.

Espero que, una vez terminada la traducción, la publicación salga lo más pronto posible. ¡Por esta vía les iré anunciando las noticias!

¿Cómo enfrentar una “tesis” de pregrado? Algunos consejos para no morir en el intento

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Estando cerca el momento de regresar al Perú y, por tanto, de comenzar a realizar mi sueño de volver a las aulas universitarias (esta vez como profesor), a partir de conversaciones con varios amigos vengo pensando, entre cosas, qué tipo de consejos dar a aquellos muchachos que se encuentran ante la difícil tarea de realizar una tesis (rectius: trabajo de conclusión de carrera). Más allá de los temas metodológicos más específicos, pienso que un punto absolutamente esencial es la delimitación del tema. Ello no sólo tiene que ver con qué va a decirse o la extensión y profundidad de la investigación o la forma cómo ella será llevada a cabo, sino -y aquí el punto- con la madurez del investigador.

Por experiencia propia, soy un firme defensor que alguien que quiere optar el título de abogado (o de bachiller, de ser el caso) no debe hacer una tesis. Esto no quiere decir más que lo siguiente: no es necesario que innove, que aporte algo nuevo. Una buena investigación es más que suficiente. Pero hablar de “buena investigación” aún es abstracto. Aquí viene el tema de la madurez: alguien que aún cursa el pre-grado, por lo general, no tiene suficiente experiencia para realizar afirmaciones categóricas, para cuestionar doctrinas o para verificar fallos en alguna teoría, ni mucho menos para inventar una nueva. En mi opinión, eso es así porque no tiene el volumen de lecturas exigido y, principalmente, porque no pensó lo suficiente sobre el tema. Todo eso exige mucho tiempo, esfuerzo y dedicación, cosa que en la universidad, ante la pléyade de materias, es muy difícil conseguir.

Muy bien. ¿Qué tipo de investigación realizar entonces? Aquí es fundamental el papel de un asesor. En mi opinión, yo sugeriría, en primer lugar, desarrollar un trabajo expositivo y no propositivo. Una tesis siempre tiene que ser propositiva, se tiene que proponer algo, y ese algo tiene que ser nuevo. Un trabajo expositivo consiste tan solamente en mostrar el estado de cosas de un tema. Aquí no entra la opinión del investigador; éste se limita a decir qué es lo que otros autores dijeron. No realiza interpretaciones ni críticas. Ello no obsta, es claro, de ofrecer opiniones (v. gr.: “la doctrina de tal autor se encaja en tal corriente”), pero ellas no son el cierne del trabajo, sino la exposición misma.

Así, si yo estuviese a cargo de asesorar u orientar a algún estudiante, comenzaría por delimitar un tema extremadamente específico y, posteriormente, ofrecer las siguientes alternativas: (i)  realizar la revisión de la  doctrina más significativa al respecto (podría, inclusive, delimitarse a un país, región o familia –civil law, common law) mostrando la evolución y el estado de cosas; (ii) analizar el tema a partir de la experiencia jurisprudencial de un tribunal concreto (lo cual lleva también a revisar la doctrina pertinente); (iii) examinar ese tema en la perspectiva de un autor, lo cual implica profundizar, en grado aceptable, en su obra y en los textos pertinentes de otros estudiosos. Las tres alternativas me parecen altamente viables. En lo personal, trataría, con ahínco, que mi entusiasta asesorado no huya de esos límites para que no muera en el intento, como diría el entrañable Carlos Ramos Núñez en su ya clásico libro.

Alguien diría que es mezquindad o conformismo. Yo respondo: lo perfecto es enemigo de lo bueno. Alguien insistiría que no hay que cortar las alas al alumno. Yo respondo: habrá tiempo para que ese alumno, con mayor madurez, vuele a sus anchas y con libertad. Otro diría que trabajos como esos no contribuirían con gran cosa. Yo respondo: la contribución de cada uno tiene que ser correctamente dimensionada conforme sus limitaciones y capacidades, pero yo dudaría mucho en negar la importancia de estudiar el legal aid en la doctrina italiana de la década del 70 en adelante, de reflexionar sobre el desarrollo del derecho fundamental a la igualdad procesal en la jurisprudencia de la Corte Europea de Derechos Humanos o analizar la ponderación en el pensamiento de Robert Alexy. Aún más: limitándose a esos temas pienso que podría realizar un aporte mucho mayor (inclusive pensando en una futura publicación) que abordar un tema ambicioso pero mal desarrollado.

Pienso que el alumno debe colocarse metas que realmente puede alcanzar. Además del tema, está el bendito plazo y la necesidad de culminar una etapa en tiempo razonable, para comenzar otra. Es necesario ser bachiller o abogado pronto, sin dilaciones indebidas ni obstáculos innecesarios. El tema, la forma de abordarlo y la cantidad de páginas trabajan en función de aquellos dos primeros factores. Por eso es que el asesor, por más que no conozca el tema a profundidad, es fundamental e imprescindible. Su experiencia es determinante.

Y a ti, querido alumno de pregrado que lees estas líneas y podrías haber quedado un poco decepcionado, piensa de la siguiente manera: tendrás más oportunidades para hacer ese trabajo que tanto anhelas. Y cuando llegue ese momento, verás que estarás mejor preparado para enfrentar el desafío.