Un nuevo pleno casatorio civil

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El viernes pasado se publicó el Tercer Pleno Casatorio Civil en la página web del Poder Judicial, de acuerdo a lo dispuesto en el artículo 400 del Código Procesal Civil, aunque, vale decirlo, se trata del segundo pleno que es realizado únicamente por los jueces civiles titulares, dado la modificación del régimen del recurso de casación operado por la Ley N° 29364, del 28/05/2009.

Aquí la Corte Suprema resuelve un tema importantísimo que concierne a la fijación de un monto indemnizatorio en los procesos de divorcio por la causal de separación de hecho (el deficiente artículo 345-A, CC). Me reservo para un futuro próximo el análisis del tema procesal, pero después de haberlo leído con bastante atención, pienso que la sentencia está bastante bien construida y documentada, con absoluta prescindencia si es posible discrepar con algunos fundamentos.

Por lo pronto les dejo con la versión en PDF que está colgada en la página web del PJ.

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Y en estas elecciones, ¿quién es el verdadero lobo?

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Que Keiko Fujimori hable de derechos humanos y democracia es como si el lobo diera una clase de moralidad.

Es tal el contrasentido y la falacia intrínseca entre ambas figuras (es decir, entre fujimorismo y los valores más caros de un Estado Constitucional de Derecho) que resulta inimaginable que se produzca una sucesión en la dinastía apelando a factores que en la década infausta del 90 se lograron exitosamente aniquilar.

Tras la huída de Fujimori al Japón  y su posterior renuncia a la presidencia de la forma más cobarde e inmoral que puede existir, se habló de un triunfo de la democracia. Cuando Valentín Paniagua asumió la presidencia y armó un gabinete con personas intachables, todos aclamábamos que el Perú, ahora sí, había dejado atrás a la dictadura y a los afanes de perpetración en el poder. A Toledo y García se les puede criticar millones de cosas, algunas de ellas inaceptables para un jefe de Estado, pero han tenido la suficiente conciencia democrática para dejar el poder tal como manda la Constitución. ¿Alguien puede explicar, entonces, el absurdo que ha significado dejar todo atrás y darle al fujimorismo una nueva oportunidad? Al parecer, para una buena cantidad de compatriotas (de los que me avergüenzo, y no me da vergüenza en decirlo), la década del 2000 no fue buena para el país y entonces traigamos a la hija del dictador, ni más ni menos.

El fujimorismo es sinónimo cabal de corrupción, de violación de derechos humanos, de compra de conciencias, de autoritarismo, de golpe de Estado, de repudio al orden constitucional. Pero esto no es suficiente, muchos de nosotros permitirá que esto vuelva, que se aloje entre nosotros. Muchos dicen que Keiko no es su papi, que ella no sabía nada, que se enteró de la compra de medios después. Pero esto es ingenuidad elevada a la máxima potencia. Keiko fue primera dama, estuvo metida en asuntos del Gobierno, supo de las movidas de Fujimori y Montesinos, lo avaló todo. Pero ahora, su actitud de meterse las manos a los bolsillo, mirar de costado, hacerse la cojuda y decir “Yo no soy como él”, francamente constituye una mofa al rezago de inteligencia que le queda al pueblo peruano, inteligencia para elegir bien a sus gobernantes.

Un buen amigo mío me dijo, a través del facebook, que los peruanos tenemos el presidente que nos merecemos, pero ¿cuándo tendremos el que necesitamos? La reflexión es profunda y no pude hacer otra cosa que suscribir su opinión. Sin embargo, pensándolo mejor, los peruanos nos merecemos todo, salvo una cosa: tener la bajeza de permitir, mediante el camino democrático, que vuelva el gobierno más nefasto de la historia del Perú, ese que se encargó de pulverizar la moral de los peruanos. Si es que en algo ha cambiado nuestra conciencia cívica, aunque sea una pizca, este cambio no puede consistir en otra cosa que repudiar terminantemente dictaduras y tiranías del pasado. Sopesemos pues: ¿riesgo de cambiar este modelo económico (que está lejos de generar plena satisfacción, por cierto) o vuelta al pasado, al infierno, a ese cuya finalización celebramos y ahora queremos que vuelva para evitar un “mal mayor”? ¿Es que acaso puede haber algo peor a eso? Pero bueno, hay mucha gente que ya sopesó, que ya puso las opciones en la balanza, que ya vio con cuál se va a perjudicar menos, y, por tanto, a cuál está apoyando. Uno de ellos, para llevar el contrasentido a sus niveles más alucinantes, es un poderoso grupo empresarial que tiene un diario que dice ser independiente y veraz pero que no ha tenido reparos en alinearse con descaro a un régimen contra el cual se siente orgulloso de haber combatido. Estos ya han mostrado su verdadera cara. Me dan pena y asco, y les tengo cero credibilidad.

A Humala le han dicho de todo, pero uno de los calificativos que calzó hondo en los medios fue el de “lobo en piel de cordero”. Sin embargo, ante la amenaza inminente de traer de vuelta a un régimen comprobadamente corrupto y que su forma de gobernar se basaba en la opresión, el autoritarismo y la violación sistemática de derechos humanos, yo, con justa razón, me pregunto quién es el verdadero lobo.

Humala en su devaneo

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Ollanta Humala y sus voceros tienen una política clara: la del sí, no, tal vez, todo lo contrario.

Ellos han pasado de proponer un plan de gobierno mesiánico (fue bautizado como “La gran transformación”) plagado de propuestas radicales, avezadas, antisistema y altamente refutables, del cual se sentían tan orgullosos y con el que obtuvieron una adhesión de casi un tercio del país, han admitido que podría ser modificado para generar consensos, se desdijeron, se rectificaron, aprobaron un “compromiso con el Perú”, se volvieron a desdecir, suscribieron el acuerdo nacional, afirmaron que no lo tirarían al tacho, y hace dos días, un entusiasta guardaespaldas del comandante anunció que sería dejado de lado temporalmente (luego se corrigió y dijo que sería definitivamente).

Cualquier elector medianamente entendido debería sentirse engañado, burlado, taimado. ¿Es posible que un partido político serio tenga tantos vaivenes al punto de cambiar un plan de gobierno presentado al electorado, a las autoridades públicas, al país? ¿Qué pretenden? Humala dice que quiere buscar consensos y para eso pretende legitimarse con asesores de campañas perdedoras que no mostrarían un perfil nocivo para dos tercios de la población.

Pero luego dice que modificar el plan de gobierno sería un gesto de autoritarismo porque traicionaría la confianza depositada por la gente que votó por él. Entonces, lo quiere cambiar y no lo quiere cambiar. Lo primero, para ganar más votos; lo segundo, para no perder los que ya tiene. Y las encuestas vienen demostrando que este doble discurso no le está dando los resultados que esperaba: apenas ha captado un 7% más de su votación en primera vuelta, mientras que su contrincante ha pasado de 23% a 40%. Y esto no es poca cosa. A pesar de lo nocivo y inverosímil que significaría un nuevo fujimorato, los peruanos no vemos con buenos ojos la actitud del comandante, que nunca estuvo -ni probablemente esté- más cerca de llegar a la presidencia como ahora.

Otra alternativa es asumir que Humala no estaba preparado para esta elección. Y claro, si tuvo cinco años para preparar un documento en donde exponga cómo pretende dirigir el país, pero luego quiere dejarlo de lado al ver la coyuntura política, no hay mucho que pensar. Torpeza política, pienso, y solo por estas gravísimas inconsistencias el comandante merece perder en las urnas. Quiere satisfacer a los que lo quieren y a los que no lo quieren, y ese podría ser el factor clave de su derrota.

Pero lo más preocupante de todo es qué pasará si llegan al poder. Tienen un plan de gobierno -defendido primero, vituperado después- y ahora alistan otro. Quizá podremos identificarlos como el plan de gobierno para la primera vuelta y el plan de gobierno para la segunda vuelta. Suena casi a chiste, pero en realidad no es otra cosa lo que Gana Perú pretende.

Imaginemos este escenario: Luego que a Humala le coloquen la banda, y tras de las celebraciones, se reúna con sus asesores, amigos, con Nadine, ¿qué van a decidir hacer con el país? ¿Van a fomentar la participación estatal en actividades estratégicas? ¿Van a quitarnos nuestros aportes de las AFP? ¿Convocarán a una Asamblea Constituyente? ¿Constituirán un nuevo consejo de prensa? ¿Renegociarán los TLC? ¿Van a botar a todos los directivos de los organismos reguladores? Atendiendo a los lamentables devaneos en los que se han visto sumidos, cualquier cosa que digan no puede ser creíble. Sería ingenuo hacerlo. Ya han mentido mucho. Ha demostrado que con tal de lograr la presidencia, harán cualquier cosa.

¿Qué nos queda? Pues resignarnos a que sea elegido quien sea apoyado por la mayoría… y luego a luchar por la democracia.

Formalismo-valorativo: una somera introducción

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Daniel Mitidiero

La doctrina brasileña es riquísima en contenido y, ciertamente, ha avanzado muchísimo en estos últimos años, tanto así que en una parte de ese país-continente (concretamente, en Rio Grande do Sul) se ha venido forjando una escuela que pregona lo que se denomina formalismo-valorativo, que vendría a ser la última fase a la que ha llegado el proceso civil contemporáneo.

¿Suena enigmático el término? Pues aquí trato de dar una pequeña explicación que viene a ser una breve introducción al tema.

Una vista hacia atrás

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Comparto con ustedes algunos trabajos algo antiguos. Hay cosas con las que ya no estoy de acuerdo por la sencilla razón que sigo en una etapa en donde los libros van y vienen, y siempre hay alguien que expone mejor las cosas.

Estos artículos tienen que ser leídos, entonces, en su verdadero contexto: el reflejo de un camino por esto que se llama aprender.

Se trata de 4 artículos: “Hacia la construcción de una teoría de la ineficacia procesal para el proceso civil peruano”, “Apostillas a la acumulación de procesos”, “La nueva ideología del proceso civil y el principio de inmediación” y “Sentencia y autoridad de cosa juzgada en el proceso de alimentos”.

Espero sus comentarios.